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Las botas del diablo no hacen ruido. Un apunte sobre hipoacusia en el trabajo
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Las botas del diablo no hacen ruido. Un apunte sobre hipoacusia en el trabajo
Avatar autor Cristina Bercero
Técnica superior en prevención de riesgos laborales del Servicio de Condiciones Ambientales de MC MUTUAL
17/05/2021
Las botas del diablo no hacen ruido. Un apunte sobre hipoacusia en el trabajo

Tal como dice el refrán, "las botas del diablo no hacen ruido", y así es a veces también en el mundo de la prevención de riesgos laborales (PRL). Al igual que no vemos venir al diablo, no vemos venir algunos factores de riesgo. Esto es lo que puede ocurrir con la sordera o la hipoacusia laboral. Por lo general, los problemas auditivos se asocian con elevados niveles de ruido durante la jornada de trabajo, pero no siempre es así. La presencia de ototóxicos en el entorno laboral también puede afectar al sistema auditivo, incluso cuando no hay mucho ruido. Sus "botas" tampoco hacen ruido…

Si buscamos información sobre la hipoacusia laboral, las estadísticas únicamente contemplan la exposición a ruido. Parece evidente que esto debe ser así, pero en realidad dejan fuera de los datos a todos aquellos profesionales que, aún no estando expuestos a ruido, sí lo están a sustancias ototóxicas, o lo que puede ser aún más grave, a la acción combinada de ruido y ototóxicos. Pero antes de continuar, veamos qué son los ototóxicos.


¿QUÉ SON LOS OTOTÓXICOS?

Los ototóxicos son sustancias químicas que pueden provocar daños en el oído y, por lo tanto, pueden provocar sordera. Pueden actuar solas, combinadas entre sí o con exposición a ruido. Ojo, porque en combinación con ototóxicos los niveles de ruido tradicionalmente seguros (<80dB) pueden no serlo.

Podríamos pensar que el conocimiento de la existencia de estas sustancias es algo nuevo y, por ello, aún no están reflejadas en las estadísticas sobre enfermedades profesionales, pero nada más lejos de la realidad. Ya desde Avicena1 se sabía que la exposición a vapores de mercurio provocaba problemas de audición. Por aquel entones, los vapores de mercurio se utilizaban para el tratamiento de los piojos. Podríamos decir que "mataban moscas a cañonazos", pero este es otro tema.

Entonces, podemos pensar que no hay muchas sustancias ototóxicas. Veamos si es así.


¿QUÉ SUSTANCIAS SON OTOTÓXICAS?

Hay muchos tipos de sustancias que pueden ser ototóxicas. Estas son algunas de ellas:

  • Productos farmacéuticos: aspirina, antiinflamatorios no esteroideos y diuréticos de asa.
  • Disolventes como el tolueno, xileno o el estireno, que se encuentran en muchos productos químicos como diluyentes de pintura, desengrasantes, etc.
  • Asfixiantes: monóxido de carbono, cianuro de hidrógeno y humo de tabaco.
  • Nitrilos: butenonitrilo, cis-2-pentenonitrilo y acrilonitrilo.
  • Metales y compuestos de mercurio, compuestos orgánicos de estaño y plomo.
  • Plaguicidas: organofosforados, paraquat, piretroides, hexaclorobenceno.

Si nos fijamos en los listados de ototóxicos, no todas son sustancias propias del entorno laboral, también encontramos medicamentos de uso corriente, productos que podemos encontrar habitualmente en el entorno doméstico y otros asociados a nuestros hábitos personales (humo del tabaco, por ejemplo). Y hay muchas sustancias de las que no se ha investigado su potencial ototoxicidad o que aún están en estudio.

Para consultar información sobre de las que sí se conocen estos efectos, se pueden visitar las bases de datos Gestis Substance database y RISCTOX.


¿CÓMO PUEDEN LLEGAR ESTAS SUSTANCIAS QUÍMICAS HASTA EL OÍDO Y PRODUCIR HIPOACUSIA?

Las sustancias químicas pueden penetrar en el cuerpo a través de diferentes vías de entrada (imagen 1). Una vez dentro del organismo, pueden llegar hasta el oído (o cualquier otro órgano) a través del torrente sanguíneo (imagen 2).


Vías de entrada
Imagen 1. Vías de entrada

Imagen 2
Imagen 2


Una vez en el oído, ¿cómo provocan daño en este órgano?

Si indagamos en el funcionamiento del oído, vemos que es un órgano complejo. Cuando el sonido llega al oído interno se producen pequeños cambios de presión. Estos, a su vez, mediante un engranaje mecánico y un complejo equilibrio químico hacen posible la transformación de las señales acústicas en impulsos nerviosos. A partir de este momento es el nervio auditivo el encargado de llevar esta señal al cerebro, donde se percibe e interpreta el sonido. Los ototóxicos pueden actuar modificando este equilibrio químico o pueden provocar efectos nocivos sobre las fibras nerviosas que transportan el mensaje.

En este enlace se puede ver un vídeo sobre como funciona el sistema auditivo.


¿CÓMO ACTÚAN ESTAS SUSTANCIAS?

Cada sustancia ototóxica podrá tener una diana diferente y, cuando varias sustancias o factores de riesgo coincidan sobre una misma diana, puede pasar que los efectos sumen o multipliquen. Por ello, es imposible explicar en este artículo cómo funcionan.


¿QUÉ ENTORNOS LABORALES PUEDEN ESTAR EXPUESTOS A OTOTÓXICOS?

Son muchos los entornos donde se pueden encontrar ototóxicos. Destacamos, entre otros:

  • Agricultura.
  • Industrias del cuero y productos afines.
  • Industria farmacéutica.
  • Fabricación de papel.
  • Fabricación de muebles y productos relacionados.
  • Fabricación de equipo eléctrico, electrodomésticos y componentes (por ejemplo, baterías).
  • Actividades de impresión.
  • Fabricación y aplicación de pintura.
  • Sector de la construcción.
  • Extinción de incendios.
  • Pulverización de pesticidas

Para más información sobre las sustancias ototóxicas y en qué sectores económicos se pueden encontrar, recomendamos consultar la siguiente publicación de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA).


¿CÓMO PODEMOS SABER SI UNA SUSTANCIA ES OTOTÓXICA?

Cuando no se dispone de información específica sobre ototoxicidad, se debe consultar la ficha de datos de seguridad y la toxicidad general de la sustancia química. Sabemos que la mayoría de los productos químicos que afectan al sistema auditivo también son neurotóxicos (tóxico para el sistema nervioso). Por ello, la clasificación de la sustancia como neurotóxico puede proporcionar pistas sobre su posible ototoxicidad.

También podría ser una pista sobre el potencial del agente ototoxicidad la información sobre si un producto químico produce radicales libres.


¿QUÉ TIENE QUE HACER EL SERVICIO DE PRL?

La labor del servicio de prevención será clave para identificar el riesgo, la detección precoz de efectos adversos sobre el oído y proponer medidas de control. Estas actuaciones requieren del trabajo coordinado entre el técnico de prevención y el responsable médico de la vigilancia de la salud.

Las principales medidas a tener en cuenta son:

  • Identificar las sustancias químicas con características ototóxicas y los puestos de trabajo con exposición (combinada o no).
  • Valorar la eliminación o sustitución de ototóxicos cuando sea posible.
  • En caso de exposición combinada a ruido y ototóxicos, reevaluar los puestos de trabajo para adecuar los niveles de ruido y las medidas preventivas (la protección auditiva en estos casos puede ser no suficiente).
  • En cualquier evaluación de ruido o de exposición a sustancias químicas, se debería incluir un apartado para indicar si hay o no exposición a ototóxicos.
  • La presencia de ototóxicos puede ser motivo para poner en marcha un examen de salud laboral más detallado en el que se puedan incluir audiogramas, incluso si no existe exposición al ruido.

Y no debemos dejar de lado una de las principales acciones que, como profesionales de PRL, está en nuestras manos: escuchar a las trabajadoras y los trabajadores. Cuando existan quejas de molestias auditivas, deberá comprobarse el listado de sustancias químicas presentes en el puesto de trabajo, así como informar y formar a las trabajadoras y los trabajadores, empoderarles para que revisen las fichas de datos de seguridad química (FDS) y puedan identificar aquellas que puedan ser ototóxicas (o neurotóxicas).

También es importante dar a conocer la importancia y la repercusión que sus hábitos personales como fumar, el alcohol (es un neurotóxico), la automedicación o tratamientos crónicos, etc., pueden afectar e incluso agravar los efectos de la exposición laboral.

Y recuerda: "las botas del diablo no hacen ruido".


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