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El tecnoestrés, una actualidad silenciosa
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El tecnoestrés, una actualidad silenciosa
Víctor San José Pascual
Miembro de la Comisión Laboral de la Asociación Proyecto Hombre. Terapeuta de Proyecto Hombre Burgos.
04/08/2021
El tecnoestrés, una actualidad silenciosa

El tecnoestrés es un aspecto de la realidad laboral que nos acompaña desde hace ya varios años, en los que la tecnología ha ido ganando espacio en los entornos de trabajo. Con la finalidad de facilitar, agilizar o simplificar las tareas, se ha apostado por la renovación de dispositivos y los procedimientos de cómo se llevaban estas a cabo.

Hay varias maneras de explicar en qué consiste el tecnoestrés. De manera general se plantea como "una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías de manera saludable". Esta definición se creó en la década de los 80, con lo que, ni es un concepto nuevo, ni es un riesgo laboral reciente. En todo caso, quizás por todo lo vivido desde marzo del 2020 sea un suceso mucho más cercano a nuestra vida que en años anteriores.

Es innegable que el desarrollo de las PDA (del inglés Personal Digital Assistant, Asistente Digital Personal) o la sofisticación de la robótica en diversos sectores ya cambió la manera de trabajar, con su obligatoria adaptación. Pero el cambio social fomentado a partir de las medidas llevadas a cabo por la situación de la COVID-19 ha hecho que, de la noche a la mañana, millones de personas hayan tenido que adaptarse a una nueva manera de llevar a cabo su labor.


¿QUÉ CONSECUENCIAS HEMOS TENIDO?

Los dispositivos conectados a internet se han convertido en herramientas necesarias para todos los miembros de la familia, con las consiguientes adquisiciones. Con ello, necesitamos conocer el funcionamiento de diversas aplicaciones, de trabajo en grupo, de almacenamiento en la nube y, especialmente, para realizar videoconferencias.

Y todo ello junto a la adaptación de la realización de tareas en remoto y los diversos procedimientos, tanto los impuestos desde las empresas como resultado de los cambios en las condiciones sociales por la pandemia.

Dependiendo de las características personales de cada individuo, de las peculiaridades de cada empleo y de la manera en como cada organización ha llevado las adaptaciones, la presencia del tecnoestrés se ha presentado de diferentes formas, a veces de varias en la misma persona. La principal característica, como su propio nombre indica, es de un cuadro de estrés que, de acuerdo a su sintomatología, adopta una definición u otra:

  • Tecnoansiedad. Puede generar pensamientos negativos hacia su competencia y su capacidad personal y profesional, resultado del fuerte aumento de la tensión, ansiedad y malestar causado por la tecnología. Aparecen episodios de cansancio y agotamiento físico-mental, cefaleas, dolores musculares, agotamiento mental o, incluso, el "síndrome de la fatiga informativa".
  • Tecnofatiga. Aparece como resultado de la alta exigencia laboral por las grandes demandas del uso de la tecnología, llegando a darse actitudes variadas, desde la frustración a la resignación ante los cambios, o incluso reacciones de agresividad.
  • Tecnoadicción. Supone una pérdida de control sobre el empleo de los dispositivos tecnológicos que se muestra con la necesidad de realizar un uso continuo de estos, sin sentirse capaz de dejar de utilizarlos durante largos periodos de tiempo.


CONDUCTAS ADICTIVAS DERIVADAS DEL TECNOESTRÉS

Nos encontramos ante una serie de síntomas que suponen, en sí mismos, un deterioro de la salud, pero que además son un claro factor de riesgo frente a las conductas adictivas.

Pensamientos negativos, ansiedad, tensión, fatiga, agotamiento, frustración e, incluso, dificultad para desconectar de la tecnología, son un conjunto de malestares de diversa índole frente a los que parece una opción aceptable la insensibilización o la evasión.

La automedicación o la sobremedicación, para hacerlos más soportables, pueden ser la opción de algunas personas. De hecho, el consumo de hipnosedantes es uno de los que más ha aumentado durante estos meses de teletrabajo impuesto por la pandemia.

Evadirse y desconectar totalmente también puede ser la opción de otras personas, ya sea mediante sustancias legales, como alcohol, o ilegales, las cuales conllevan riesgos añadidos. Sin embargo, el principal peligro está en la frecuencia, la cantidad y el momento.

Cabe destacar, además, que cada vez se opta más por potenciales adicciones comportamentales, puesto que su respuesta neurológica no tiene nada que envidiar (como actividad de evasión) a la de las sustancias. Sin excluir el consumo paralelo de sustancias, las apuestas deportivas o la inmersión durante horas en videojuegos, son las más habituales.


VISIBILIZAR EL TECNOESTRÉS, UNA NECESIDAD

Por todo ello, se entiende la importancia de dar visibilidad a una realidad laboral que nos acompaña desde hace mucho tiempo, pero que, en estos tiempos, está teniendo un mayor protagonismo. Es importante ser consciente de cómo cada uno nos relacionamos con la tecnología, qué uso hacemos de ella y cómo nos comportamos ante los cambios en el ámbito laboral. Del mismo modo, también es importante tener en cuenta cómo las empresas llevan a cabo estas modificaciones y que políticas toman para gestionar los periodos de adaptación.

El tecnoestrés y las conductas adictivas que puede provocar se pueden y se deben de prevenir, priorizando la salud como un generador de bienestar, no solo al individuo concreto, sino al entorno de trabajo, a la empresa y a la sociedad en general. La prevención, la reducción de los factores de riesgo y la promoción de los mecanismos de protección, la formación y la creación de protocolos de actuación y acuerdos que recojan la opción de tratamientos cuando la prevención no ha bastado, son estrategias al alcance de todas las empresas a través de los profesionales especializados en ello. Una inversión con un alto retorno, según un análisis reciente del Cigna International Markets con la consultora Asia Care Group, de hasta 60 veces la inversión inicial.

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Referencias

Icono referencia Brod, C. (1984). Technostress: The Human Cost Of The Computer Revolution.
Icono referencia Botero González, M. (2013). Una reflexión sobre el tecnoestrés: implicaciones psicosociales en la salud laboral.

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