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¿Pueden los agentes biológicos ser cancerígenos?
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¿Pueden los agentes biológicos ser cancerígenos?
Avatar autor Cristina Bercero
Técnica superior en prevención de riesgos laborales del Servicio de Condiciones Ambientales de MC MUTUAL
14/06/2022
¿Pueden los agentes biológicos ser cancerígenos?

No es nada nuevo que algunos agentes biológicos tienen la capacidad de ser cancerígenos, ya desde finales del siglo XIX se empezó a sospechar sobre la capacidad cancerígena de algunos de ellos. Por ejemplo, se sospechó la relación entre la infección crónica por Schiltosoma (un trematodo hepático) y la aparición de cáncer de hígado.

Pero no fue hasta muchos años después, entrado ya el siglo XX, cuando se consiguieron evidencias sobre esta relación gracias al desarrollo de nuevas tecnologías analíticas. Este es el caso, también, del virus Epstein-Bar, ya que las nuevas técnicas permitieron desvelar su relación con el linfoma de Burkitt (un tipo de cáncer que se inicia en los glóbulos blancos o linfocitos). Y ya en el siglo XXII, en el año 2012, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) publicaba su Monografía "Agentes biológicos. Volumen 100B. Una revisión sobre los cancerígenos humanos". En este volumen, la IARC clasifica la infección crónica de 11 organismos como grupo 1, es decir, como comprobado carcinógeno para el ser humano:

  • 7 virus: Epsein-Barr, Hepatitis B (VHB), Hepatitis C (VHC), Inmunodeficiencia Humana-1 (VIH-1), Sarcoma de Kaposi- asociado a herpesvirus (KSHV), virus del papiloma humano (aunque algunos tipos se clasifican como grupo 2 A, probable carcinógeno para el ser humano, o 2 B, posiblemente carcinógeno para el ser humano), Virus linfotrópico humano de células T tipo 1 (VLHT-1).
  • 3 parásitos: Opisthorchies viverrini, Clonorchis sinensis, Schistosoma haematobium.
  • 1 bacteria: Helicobarter pylori.

Aunque de primeras es muy alarmante, puesto que el agente es peligroso, las posibilidades de que se pueda materializar el daño puede que no sean tan altas, o hay tratamientos médicos y medidas preventivas efectivas que pueden evitarlo. A través de una pequeña serie de artículos iremos desgranando estos organismos incluidos en el monográfico de la IARC, y su relación con la exposición laboral.


VIRUS EPSTEIN-BARR (EBV)

En este primer artículo hablaremos del virus Epsein-Barr (EBV), también conocido como herpes virus humano 4 (HHV-4), que fue el primer virus tumoral aislado (1964). Este virus, familia de otros herpes más conocidos como el herpes simple o la varicela-zóster, es el responsable de la llamada enfermedad del beso o mononucleosis infecciosa. Es un virus de distribución mundial, ya que la mayor parte de la población adulta (95 %) es portadora asintomática. La infección suele producirse durante la primera infancia (hasta los 6 años) o durante la adolescencia. Cuando la infección ocurre durante la primera infancia, suele ser asintomática o con síntomas similares a una infección respiratoria. En cambio, si ocurre durante la adolescencia, generalmente se desarrollan los síntomas de la mononucleosis o enfermedad del beso: fatiga, dolor de garganta, fiebre, dolor de cabeza, sarpullido en la piel, etc.

Al igual que ocurre con otros virus de esta familia, después de una infección inicial, la persona infectada será portadora de por vida. Durante este periodo, el EBV entra en un estado de latencia en el que permanece como dormido, generalmente sin consecuencias negativas para la salud. El propio sistema inmune controla y mantiene a raya la reproducción del virus. Sin embargo, en determinadas circunstancias favorables para el virus, puede activarse. Por ejemplo, cuando la persona portadora sufre inmunodepresión.


Cómo se transmite

La forma de transmisión es, generalmente, a través de los fluidos corporales, principalmente la saliva, de ahí que se conozca como la enfermedad del beso, aunque también está descrita la transmisión sexual y por transfusión sanguínea. El virus puede permanecer durante meses en la orofaringe de pacientes que ya han pasado la enfermedad, de ahí que sea difícil establecer una relación o detectar el origen del contacto.

En el caso de mujeres embarazadas, la infección intrauterina es rara, pues pocas de ellas (menos de 5 %) son susceptibles al virus. Por otro lado, sí que se ha aislado el virus en la leche materna, aunque no existe evidencia de su transmisión a través de esta7.

El virus se encuentra normalmente en el tejido epitelial nasofaríngeo y existe un riesgo especial en el caso de contacto con personas infectadas o sus fluidos (saliva, mucosidad, esputos...).

En el entorno laboral, la transmisión se produce:

  1. Principalmente por contacto directo.
  2. Por vía oral, al compartir o manipular objetos con restos de saliva (utensilios como bolis o tazas, superficies, juguetes en una guardería…) o al llevarse las manos contaminadas (con o sin guantes) a la boca al comer, beber, fumar, etc. También puede haber contacto por tocarse la boca, sin lavarse las manos, después de retirar los guantes contaminados.
  3. En trabajos de laboratorio, también se contempla la posibilidad de transmisión por inoculación accidental y la transmisión de bioaerosoles, aunque sobre esta última vía no hay suficientes evidencias.


Sectores de actividad expuestos

Las actividades laborales en las que se puede contemplar el riesgo de exposición al EBV son aquellas en las que hay relación estrecha con otras personas o sus fluidos, como ocurre, entre otros, en:

  • Actividades sanitarias y laboratorios
  • Dentistas
  • Educación (guarderías, internados, etc.)
  • Actividades de orden público, seguridad y servicios sociales.
  • Peluquerías y otros tratamientos de belleza (estética, tatuajes, piercing).
  • Pompas fúnebres y actividades relacionadas.


¿Qué relación tiene el EBV con el cáncer? ¿Qué tipo de cáncer puede provocar?

La IARC, como ya hemos comentado, clasificó el EBV hace 20 años como comprobado cancerígeno para el ser humano (grupo 1), porque durante la infección latente expresa diferentes proteínas o micro-ARN con capacidad oncogénica, de forma que las células infectadas tendrían potencial para desarrollar cáncer. El monográfico de la IARC presenta una profunda revisión y analiza esta relación.

Principalmente, el EBV presenta preferencia por los linfocitos B (células que forman parte del sistema inmunitario, que producen anticuerpos) y, ocasionalmente, por células epiteliales. Un linfocito B infectado por EBV puede producir diferentes proteínas que interfieren en el control y la regulación del ciclo celular del linfocito, haciendo que puedan dividirse de forma incontrolada. Este proceso, en combinación con otros factores, por ejemplo personas con SIDA o malaria, puede favorecer el desarrollo de cáncer. Sin embargo, el mecanismo de actuación es más complejo y aún no está claro.

Por otro lado, el virus dispone de estrategias para evitar el reconocimiento y la destrucción de las células infectadas por parte del sistema inmune, como no expresar (sintetizar) sus proteínas víricas. De este modo, las personas infectadas pueden ser portadoras de por vida. Y en casos, por ejemplo, de debilitamiento del sistema inmunitario, el virus puede aprovechar para crecer y volver a desencadenar la infección.

El EBV se asocia con el desarrollo de linfoma de Burkitt, linfoma de Hodgkin, linfoma no Hodgkin, linfoma extra nodal de células T/ NK tipo nasal (es un linfoma no Hodgkin (LNH) agresivo y poco común) y cáncer de nasofaringe. También se ha observado una asociación positiva entre la exposición al EBV y el carcinoma tipo linfoepitelioma.

Recientemente, se ha identificado una asociación entre las distintas cepas del virus, su distribución geográfica mundial y la patología que desarrolla. Por ejemplo, la fiebre glandular (mononucleosis infecciosa) ocurre principalmente en Europa y América del Norte, y normalmente afecta a adolescentes o adultos jóvenes. En África ecuatorial, el linfoma de Burkitt está asociado con la infección por EBV. Y en Taiwán, el sur de China y el sudeste asiático, el virus a menudo causa carcinomas nasofaríngeos. Este es uno de los tipos más comunes de cáncer en adultos jóvenes en estos países.

En algunos de estos tumores, la medida de la carga vírica del EBV es un excelente marcador de la evolución de la enfermedad y de la respuesta al tratamiento por parte del paciente6.

Asimismo, se sospecha que el EBV está relacionado con otras enfermedades de tipo autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico y la artritis reumatoide6. Recientemente, se ha podido demostrar la relación entre el EBV y la esclerosis múltiple. En este caso parece que la presencia del EBV en muchos de los casos es una condición necesaria para desarrollar esclerosis múltiple (EM). A pesar de que el 95 % de la población es portadora del EBV, solo una proporción muy pequeña desarrollará EM10, ya que existen otros factores que influyen para el desarrollo de esta enfermedad y que aún se están investigando.


Riesgo laboral y medidas preventivas

La clasificación del virus, según la guía técnica que desarrolla el Real Decreto 664/1997 sobre la exposición a agentes biológicos en el trabajo, está establecida como Grupo de riesgo 2: aquel que puede causar una enfermedad en el hombre y puede suponer un peligro para los trabajadores, siendo poco probable que se propague a la colectividad y existiendo generalmente profilaxis o tratamiento eficaz (Artículo 3, listado de agentes biológicos clasificados en el Anexo II del RD 664/1997). No olvidemos que esta clasificación corresponde a la capacidad infectiva del virus y no a su capacidad de producir cáncer.

Salvo en casos muy concretos o trabajos específicos de laboratorio, en los que se manipula este microorganismo, es difícil relacionar la patología con el entorno laboral, ya que la transmisión ocurre en gran medida en el ámbito personal.

Independientemente, es recomendable aplicar las medidas higiénicas en todas aquellas actividades indicadas anteriormente, así como en cualquier tarea que implique el contacto cercano con otras personas y/o muestras de fluidos procedente de estas. Y, al menos, se deben establecer las medidas higiénicas básicas:

  • Lavado frecuente de manos con agua y jabón al comenzar y finalizar la jornada laboral, después de quitarse los guantes, antes de comer, beber, etc. y tras el contacto con personas o sus fluidos biológicos (saliva, heces, etc.).
  • Utilizar ropa de trabajo y equipos de protección individual adecuados. Uso de guantes y protección ocular o facial cuando exista riesgo de salpicadura.
  • No comer, beber o fumar en el puesto de trabajo. Debe haber un lugar determinado para ello (comedor, office…)
  • Mantener los locales, los equipos y los útiles de trabajo en condiciones adecuadas de limpieza y desinfección.
  • Eliminar o reducir al mínimo el material cortante o punzante.
  • En el ámbito sanitario, hospitalario, laboratorios, etc., se deberán adoptar las precauciones estándar (puedes consultarlas en este vídeo).

En los trabajos de laboratorios, el nivel de seguridad para trabajar con este microorganismo es el Nivel de contención 2. Se debe trabajar dentro de una cabina de seguridad biológica en caso de que se manipulen con grandes volúmenes o se generen aerosoles. Se debe evitar o reducir al mínimo el empleo de material cortante o punzante y se deben seguir unas correctas prácticas de higiene. Además, se deben descontaminar los residuos antes de su eliminación.

En cuanto a la vacunación, actualmente no hay una vacuna eficaz recomendada para este virus. En cuanto al tratamiento, en caso de que se desarrolle la enfermedad, mononucleosis o enfermedad del beso, aunque en muchas ocasiones no precisa tratamiento médico y la enfermedad se resuelve sin problemas, hay tratamiento para las manifestaciones infectivas. No entraremos, debido a su complejidad, en los tratamientos en el caso de cáncer.

Las medidas higiénicas son una herramienta eficaz en el control de las enfermedades infecciosas. Por ello, merece la pena implantarlas y cumplirlas de forma escrupulosa en el trabajo y en la vida personal.


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Empezamos una serie de artículos con los que iremos analizando varios agentes biológicos que el IARC clasifica dentro del grupo 1. Empezamos con el virus Epstein-Barr.
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No es nada nuevo que algunos agentes biológicos tienen la capacidad de ser cancerígenos, ya desde finales del siglo XIX se empezó a sospechar sobre la capacidad cancerígena de algunos de ellos. Por ejemplo, se sospechó la relación entre la infección crónica por Schiltosoma (un trematodo hepático) y la aparición de cáncer de hígado.

Pero no fue hasta muchos años después, entrado ya el siglo XX, cuando se consiguieron evidencias sobre esta relación gracias al desarrollo de nuevas tecnologías analíticas. Este es el caso, también, del virus Epstein-Bar, ya que las nuevas técnicas permitieron desvelar su relación con el linfoma de Burkitt (un tipo de cáncer que se inicia en los glóbulos blancos o linfocitos). Y ya en el siglo XXII, en el año 2012, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) publicaba su Monografía "Agentes biológicos. Volumen 100B. Una revisión sobre los cancerígenos humanos". En este volumen, la IARC clasifica la infección crónica de 11 organismos como grupo 1, es decir, como comprobado carcinógeno para el ser humano:

  • 7 virus: Epsein-Barr, Hepatitis B (VHB), Hepatitis C (VHC), Inmunodeficiencia Humana-1 (VIH-1), Sarcoma de Kaposi- asociado a herpesvirus (KSHV), virus del papiloma humano (aunque algunos tipos se clasifican como grupo 2 A, probable carcinógeno para el ser humano, o 2 B, posiblemente carcinógeno para el ser humano), Virus linfotrópico humano de células T tipo 1 (VLHT-1).
  • 3 parásitos: Opisthorchies viverrini, Clonorchis sinensis, Schistosoma haematobium.
  • 1 bacteria: Helicobarter pylori.

Aunque de primeras es muy alarmante, puesto que el agente es peligroso, las posibilidades de que se pueda materializar el daño puede que no sean tan altas, o hay tratamientos médicos y medidas preventivas efectivas que pueden evitarlo. A través de una pequeña serie de artículos iremos desgranando estos organismos incluidos en el monográfico de la IARC, y su relación con la exposición laboral.


VIRUS EPSTEIN-BARR (EBV)

En este primer artículo hablaremos del virus Epsein-Barr (EBV), también conocido como herpes virus humano 4 (HHV-4), que fue el primer virus tumoral aislado (1964). Este virus, familia de otros herpes más conocidos como el herpes simple o la varicela-zóster, es el responsable de la llamada enfermedad del beso o mononucleosis infecciosa. Es un virus de distribución mundial, ya que la mayor parte de la población adulta (95 %) es portadora asintomática. La infección suele producirse durante la primera infancia (hasta los 6 años) o durante la adolescencia. Cuando la infección ocurre durante la primera infancia, suele ser asintomática o con síntomas similares a una infección respiratoria. En cambio, si ocurre durante la adolescencia, generalmente se desarrollan los síntomas de la mononucleosis o enfermedad del beso: fatiga, dolor de garganta, fiebre, dolor de cabeza, sarpullido en la piel, etc.

Al igual que ocurre con otros virus de esta familia, después de una infección inicial, la persona infectada será portadora de por vida. Durante este periodo, el EBV entra en un estado de latencia en el que permanece como dormido, generalmente sin consecuencias negativas para la salud. El propio sistema inmune controla y mantiene a raya la reproducción del virus. Sin embargo, en determinadas circunstancias favorables para el virus, puede activarse. Por ejemplo, cuando la persona portadora sufre inmunodepresión.


Cómo se transmite

La forma de transmisión es, generalmente, a través de los fluidos corporales, principalmente la saliva, de ahí que se conozca como la enfermedad del beso, aunque también está descrita la transmisión sexual y por transfusión sanguínea. El virus puede permanecer durante meses en la orofaringe de pacientes que ya han pasado la enfermedad, de ahí que sea difícil establecer una relación o detectar el origen del contacto.

En el caso de mujeres embarazadas, la infección intrauterina es rara, pues pocas de ellas (menos de 5 %) son susceptibles al virus. Por otro lado, sí que se ha aislado el virus en la leche materna, aunque no existe evidencia de su transmisión a través de esta7.

El virus se encuentra normalmente en el tejido epitelial nasofaríngeo y existe un riesgo especial en el caso de contacto con personas infectadas o sus fluidos (saliva, mucosidad, esputos...).

En el entorno laboral, la transmisión se produce:

  1. Principalmente por contacto directo.
  2. Por vía oral, al compartir o manipular objetos con restos de saliva (utensilios como bolis o tazas, superficies, juguetes en una guardería…) o al llevarse las manos contaminadas (con o sin guantes) a la boca al comer, beber, fumar, etc. También puede haber contacto por tocarse la boca, sin lavarse las manos, después de retirar los guantes contaminados.
  3. En trabajos de laboratorio, también se contempla la posibilidad de transmisión por inoculación accidental y la transmisión de bioaerosoles, aunque sobre esta última vía no hay suficientes evidencias.


Sectores de actividad expuestos

Las actividades laborales en las que se puede contemplar el riesgo de exposición al EBV son aquellas en las que hay relación estrecha con otras personas o sus fluidos, como ocurre, entre otros, en:

  • Actividades sanitarias y laboratorios
  • Dentistas
  • Educación (guarderías, internados, etc.)
  • Actividades de orden público, seguridad y servicios sociales.
  • Peluquerías y otros tratamientos de belleza (estética, tatuajes, piercing).
  • Pompas fúnebres y actividades relacionadas.


¿Qué relación tiene el EBV con el cáncer? ¿Qué tipo de cáncer puede provocar?

La IARC, como ya hemos comentado, clasificó el EBV hace 20 años como comprobado cancerígeno para el ser humano (grupo 1), porque durante la infección latente expresa diferentes proteínas o micro-ARN con capacidad oncogénica, de forma que las células infectadas tendrían potencial para desarrollar cáncer. El monográfico de la IARC presenta una profunda revisión y analiza esta relación.

Principalmente, el EBV presenta preferencia por los linfocitos B (células que forman parte del sistema inmunitario, que producen anticuerpos) y, ocasionalmente, por células epiteliales. Un linfocito B infectado por EBV puede producir diferentes proteínas que interfieren en el control y la regulación del ciclo celular del linfocito, haciendo que puedan dividirse de forma incontrolada. Este proceso, en combinación con otros factores, por ejemplo personas con SIDA o malaria, puede favorecer el desarrollo de cáncer. Sin embargo, el mecanismo de actuación es más complejo y aún no está claro.

Por otro lado, el virus dispone de estrategias para evitar el reconocimiento y la destrucción de las células infectadas por parte del sistema inmune, como no expresar (sintetizar) sus proteínas víricas. De este modo, las personas infectadas pueden ser portadoras de por vida. Y en casos, por ejemplo, de debilitamiento del sistema inmunitario, el virus puede aprovechar para crecer y volver a desencadenar la infección.

El EBV se asocia con el desarrollo de linfoma de Burkitt, linfoma de Hodgkin, linfoma no Hodgkin, linfoma extra nodal de células T/ NK tipo nasal (es un linfoma no Hodgkin (LNH) agresivo y poco común) y cáncer de nasofaringe. También se ha observado una asociación positiva entre la exposición al EBV y el carcinoma tipo linfoepitelioma.

Recientemente, se ha identificado una asociación entre las distintas cepas del virus, su distribución geográfica mundial y la patología que desarrolla. Por ejemplo, la fiebre glandular (mononucleosis infecciosa) ocurre principalmente en Europa y América del Norte, y normalmente afecta a adolescentes o adultos jóvenes. En África ecuatorial, el linfoma de Burkitt está asociado con la infección por EBV. Y en Taiwán, el sur de China y el sudeste asiático, el virus a menudo causa carcinomas nasofaríngeos. Este es uno de los tipos más comunes de cáncer en adultos jóvenes en estos países.

En algunos de estos tumores, la medida de la carga vírica del EBV es un excelente marcador de la evolución de la enfermedad y de la respuesta al tratamiento por parte del paciente6.

Asimismo, se sospecha que el EBV está relacionado con otras enfermedades de tipo autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico y la artritis reumatoide6. Recientemente, se ha podido demostrar la relación entre el EBV y la esclerosis múltiple. En este caso parece que la presencia del EBV en muchos de los casos es una condición necesaria para desarrollar esclerosis múltiple (EM). A pesar de que el 95 % de la población es portadora del EBV, solo una proporción muy pequeña desarrollará EM10, ya que existen otros factores que influyen para el desarrollo de esta enfermedad y que aún se están investigando.


Riesgo laboral y medidas preventivas

La clasificación del virus, según la guía técnica que desarrolla el Real Decreto 664/1997 sobre la exposición a agentes biológicos en el trabajo, está establecida como Grupo de riesgo 2: aquel que puede causar una enfermedad en el hombre y puede suponer un peligro para los trabajadores, siendo poco probable que se propague a la colectividad y existiendo generalmente profilaxis o tratamiento eficaz (Artículo 3, listado de agentes biológicos clasificados en el Anexo II del RD 664/1997). No olvidemos que esta clasificación corresponde a la capacidad infectiva del virus y no a su capacidad de producir cáncer.

Salvo en casos muy concretos o trabajos específicos de laboratorio, en los que se manipula este microorganismo, es difícil relacionar la patología con el entorno laboral, ya que la transmisión ocurre en gran medida en el ámbito personal.

Independientemente, es recomendable aplicar las medidas higiénicas en todas aquellas actividades indicadas anteriormente, así como en cualquier tarea que implique el contacto cercano con otras personas y/o muestras de fluidos procedente de estas. Y, al menos, se deben establecer las medidas higiénicas básicas:

  • Lavado frecuente de manos con agua y jabón al comenzar y finalizar la jornada laboral, después de quitarse los guantes, antes de comer, beber, etc. y tras el contacto con personas o sus fluidos biológicos (saliva, heces, etc.).
  • Utilizar ropa de trabajo y equipos de protección individual adecuados. Uso de guantes y protección ocular o facial cuando exista riesgo de salpicadura.
  • No comer, beber o fumar en el puesto de trabajo. Debe haber un lugar determinado para ello (comedor, office…)
  • Mantener los locales, los equipos y los útiles de trabajo en condiciones adecuadas de limpieza y desinfección.
  • Eliminar o reducir al mínimo el material cortante o punzante.
  • En el ámbito sanitario, hospitalario, laboratorios, etc., se deberán adoptar las precauciones estándar (puedes consultarlas en este vídeo).

En los trabajos de laboratorios, el nivel de seguridad para trabajar con este microorganismo es el Nivel de contención 2. Se debe trabajar dentro de una cabina de seguridad biológica en caso de que se manipulen con grandes volúmenes o se generen aerosoles. Se debe evitar o reducir al mínimo el empleo de material cortante o punzante y se deben seguir unas correctas prácticas de higiene. Además, se deben descontaminar los residuos antes de su eliminación.

En cuanto a la vacunación, actualmente no hay una vacuna eficaz recomendada para este virus. En cuanto al tratamiento, en caso de que se desarrolle la enfermedad, mononucleosis o enfermedad del beso, aunque en muchas ocasiones no precisa tratamiento médico y la enfermedad se resuelve sin problemas, hay tratamiento para las manifestaciones infectivas. No entraremos, debido a su complejidad, en los tratamientos en el caso de cáncer.

Las medidas higiénicas son una herramienta eficaz en el control de las enfermedades infecciosas. Por ello, merece la pena implantarlas y cumplirlas de forma escrupulosa en el trabajo y en la vida personal.


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